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7 eslabones perdidos de la evolución

Tiktaalik

Tiktaalik

El niño de Turkana

El niño de Turkana

Thrinaxodon

Thrinaxodon

El gran problema que tenía Charles Darwin cuando publicó “El origen de las especies por selección natural” era no poder demostrarla con fósiles de animales extintos que explicaran el paso de los peces a los anfibios, de los reptiles a los pájaros, o de los mamíferos terrestres a las ballenas.

Con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Darwin, la revista National Geographic ha seleccionado los 7 fósiles que muestran las transiciones entre especies más relevantes hallados desde la publicación de su teoría de la evolución

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Guía para entender a Darwin

Retrato del naturalista inglés en 1869

Retrato del naturalista inglés en 1869

Como ocurre con Galileo, Newton, Einstein e incluso con Stephen Hawking, a Charles Darwin se lo menciona y homenajea más de lo que se lo lee. No importa que su obra cumbre, El origen de las especies (1859) –su “larga argumentación”, como él la llamó y que le tomó 23 años en terminar– haya provocado un terremoto intelectual (por lo que debería ser de lectura obligatoria). No importa que también haya escrito largo y tendido otros 16 libros más sobre la fecundación de las orquídeas, la expresión de las emociones y corales, entre otros temas. Al máximo naturalista hipocondríaco –que ayer hubiera cumplido 200 años– se lo conoce más por su exterior (su barba abandonada, su mirada perdida y preocupada) y a partir de obras inspiradas en su vida y obra.

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Sorry, Darwin: tu árbol de la vida no existe

Sorry, Darwin: tu árbol de la vida no existe

Como regalo para su 200 cumpleaños el próximo 12 de febrero, algunos científicos llevan tiempo preparando una sorpresa a Charles Darwin: su sueño de llegar a construir un árbol de la vida que relacione el origen de todas las especies, nunca podrá ser realizado .

Y no por limitaciones técnicas, sino porque en realidad no existe.

En una de sus libretas Darwin dibujó un esbozo que representaba a la perfección su planteamiento sobre la evolución de la vida en la Tierra: las especies iban reproduciéndose y transmitiendo sus características físicas de generación en generación hasta que… flop! Nacía un individuo con algún rasgo considerablemente diferente. Si esto le permitía adaptarse mejor al entorno y tener más posibilidades de sobrevivir, la selección natural favorecía ese rasgo y al cabo del tiempo se establecía una nueva especie.

Cuando Darwin observaba la enorme diversidad de animales y plantas, pero al mismo tiempo constataba que todos compartían estructuras comunes, imaginó que estaba viendo las ramas de un árbol desde arriba, y que si fuera retrocediendo atrás en el tiempo vería cómo esas ramas brotaban unas de las otras hasta unirse en un tallo común que representaba el origen de todas las formas de vida terrestres.

De hecho, comparando meticulosamente las características de las especies que encontraba se podía intuir el grado de parentesco existente entre ellas, y con el tiempo llegar a reconstruir este maravilloso árbol de la vida.

No era una idea del todo nueva, pero cobró vigor gracias a la gran hazaña de Darwin: proponer un mecanismo natural que explicara la generación de nuevas estructuras biológicas sin recurrir a la figura de un creador. Una de las mayores revoluciones ideológicas de la historia.

La figura simbólica del árbol de la vida empezó a popularizarse gracias a representaciones como la de Haeckel (izquierda), que con más detalle y añadiéndole una dimensión artística situó sin reparos a los humanos justo por encima de los primates, como si fuéramos la cima de la creación pero al mismo tiempo reconociendo que nuestro origen no tenía nada de especial.

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Fogonazos: Pero, ¿quién es este Darwin?

Pero, ¿quién es este Darwin?

La primera vez que uno contempla esta imagen produce una sensación de extrañeza. La fotografía pertenece a los carteles de la gran exposición dedicada a Darwin en el Museo de Historia Natural de Londres y preside la web oficial. La atmósfera, y la actitud del protagonista, parecen demasiado actuales como para haber sido inmortalizadas en el siglo XIX, por eso uno se plantea si se trata de un actor, del auténtico Darwin o

de una reconstrucción a partir de Photoshop.

Después de ver la fotografía en Meridianos, me puse en contacto con los organizadores de la exposición para salir de dudas y aclarar quién es ese tipo tan parecido al biólogo británico. A las pocas horas me informaron con todo detalle: el prota

gonista de la fotografía es, efectivamente, el auténtico Charles Darwin, aunque la imagen ha sido retocada convenientemente para hacerla más impactante.

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Pero, ¿quién es este Darwin?.