Llega a la Argentina el plástico John Beever

fuente: Clarin.com

Pagina oficial de John Beever

La imagen se ha repetido en varios puntos del mundo. Un grupo de chicos se para estupefacto ante un gigantesco charco que no parece secarse. Ejecutivos que esquivan lo que parece ser un arenero en el hall de entrada a sus oficinas. Las travesuras de Julian Beever, un artista británico de 47 años, ya han desconcertado a gente en las calles y veredas de Alemania, Australia, España o Estados Unidos. Ahora, Beever y su técnica conocida como anamorfosis llegan también a Buenos Aires, el lunes 14 de abril, gracias a una invitación de la Fundación Telefónica. Precisamente, al cruce de Cerrito y Diagonal Norte, donde durante cuatro días realizará una de sus célebres obras en tiza con las que busca generar una ilusión óptica que modifique la percepción del paisaje urbano.

A Beever también se lo ha visto plantar piletas con trampolín y bañistas en pleno centro de Londres o un falso rápido con cocodrilos en Charleston, Estados Unidos. Lo consigue gracias a un efecto de perspectiva conocido como anamorfosis: aunque estas técnicas son utilizadas en la pintura desde el siglo XIV y XV, y sobre sus principios teorizaron grandes maestros del Renacimiento como Piero della Francesca o Leonardo da Vinci, la particularidad de Beever es que la utiliza para engañar al ojo humano y dar al espectador la sensación de que se introduce -o corre el riesgo de caerse- en la obra. Para ello, Beever invierte las normas de la perspectiva y pinta lo que está lejos en grande y lo que está en primer término, pequeño. Por lo general, hace sus dibujos sobre la calle o la vereda, aunque también realiza murales y hace reproducciones de trabajos de grandes maestros del arte. Entre los ejemplos célebres de anamorfosis están un retrato del rey Eduardo VI atribuido a Cornelius Anthonisz que se puede ver en la Galería Nacional de Retratos de Londres, y una calavera que aparece al pie de los personajes de Los embajadores, el cuadro del maestro alemán del siglo XVI Hans Holbein el Joven. La idea de Beever de trasladar esas técnicas al arte urbano es que esa experiencia esté al alcance de todos, sin necesidad ni siquiera de entrar a un museo.

El desarrollo de la obra del británico podrá ser seguido durante los cuatro días que trabaje en en el cruce de Diagonal Norte y Cerrito, en pleno centro de Buenos Aires. El proyecto ya fue declarado de interés cultural por el Gobierno de la Ciudad. El misterio es qué tipo de broma les gastará Beever a quienes pasen cerca. ¿Dibujará un pozo que amenace con una caída libre hasta los andenes del subte? ¿Plantará una fuente donde los turistas quieran tirar sus monedas? Muy pronto se sabrá. Seguramente sorprenda a más de un despistado.

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