Expectativas cumplidas

perfiles

La fotógrafa argentina Alessandra Sanguinetti acaba de alcanzar algo parecido a un sueño: entrar a la agencia Magnum, una de las más importantes e innovadoras del mundo por el modo cooperativo en que se organiza. En su carpeta de trabajo, Sanguinetti mezcla una mirada desestereotipada de la infancia, el mundo de los sueños e imágenes del campo que no carecen de laconismo y a las que les sobra violencia. Un paseo por el universo de esta autora que cree que para las mujeres el arte siempre será más sencillo que cualquier otra ciencia exacta. Justamente, por una cuestión de prejuicios.

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Alessandra Sanguinetti con su hija, Catalina Luna. 

Por Maria Mansilla

Alguien que a los 2 años se vino a vivir a este país y se quedó aquí 33 años más, ¿puede pasar por argentina? ¿Sí? Pues entonces tenemos permiso para decir que Alessandra Sanguinetti (38), nacida en Estados Unidos, es la primera de todos los fotógrafos y fotógrafas argentinos en ganarse un lugar en la estimadísima agencia Magnum.

Estimadísima porque funciona como cooperativa, no persigue los feroces intereses comerciales de sus pares e intenta sostener una agenda y una mirada más emparentadas con la sensibilidad social.

Los mismos principios son su motor. Sanguinetti sacó sus primeras fotos a los nueve años, con una camarita que le regaló su mamá. A los 15 ya estudiaba con Andy Goldstein, luego lo hizo con Juan Travnik y después voló a formarse en el International Center of Photography de Nueva York. Intentó estudiar antropología pero le fue imposible: se distraía mucho en las clases imaginando cómo retratar a sus compañeros. En la Argentina tuvo un paso fugaz como editora de la sección Internacionales del diario Clarín y como staff de la revista Viva. Desde el 2003 vive nuevamente en Estados Unidos, donde crece su hijita, Catalina Luna. Publica en The New York Times, Life, Newsweek. Sus fotos son patrimonio artístico, entre otros lugares importantes, del MOMA, Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Cabritas atadas

Las estrellas de su portfolio son trabajos relacionados con la infancia -“Dulces expectativas” y “Las aventuras de Guille y Beli, y el enigmático significado de sus sueños”-, una edad a la que Sanguinetti muestra fuera de todo estereotipo, con dramatismo, desacralizada, sexuada, con imaginación.

Otra de sus criaturas es En el sexto día: retratos de animales de una granja que aúllan sobre su vida en medio de la naturaleza, entre la libertad y la amenaza constante de ser sacrificados, entre el verde de la vida y el rojo de la muerte. Estos ensayos fueron hechos con el apoyo de becas del Fondo Nacional de las Artes, la Fundación Guggenheim y la Fundación Hasselblad.

El collar

El compañero de ruta de Sanguinetti se llama Martín Weber y, según Sanguinetti, fue quien más la alentó a confiar en su mirada. Weber también es fotógrafo, y su trabajo más célebre es “Serie de sueños”, donde retrató a personas de toda Latinoamérica posando junto a una pizarra en la que anotaban, con tiza blanca, su mayor deseo.

Vos y tu marido trabajaron -incluso nombraron sus obras- con el tema de los sueños… ajenos. ¿Entrar a Magnum había sido tu sueño?

-La idea de asociarme a Magnum, o a cualquier otra agencia, nunca había sido un deseo ni estuvo en mis planes. Pero el año pasado, después de tener a mi beba y mostrar En el sexto día, en New York, sentí que había terminado una etapa y me hice un replanteo del camino a seguir. Me di cuenta de que tengo muchos proyectos hechos no exhibidos y muchos que quiero hacer, y que me gustaría tener otros contextos donde distribuirlos y más formas de financiarlos. Me interesaba también poder salir del círculo del arte hacia otros ámbitos editoriales y de exhibición. Entonces, en lo primero que pensé fue en Magnum. Hay otras agencias que quizá signifiquen un trabajo más comercial y más dinero, pero lo especial de Magnum son los fotógrafos que la conforman: muchos fueron mi inspiración desde niña, y más allá de las grandes diferencias de estilo que puedan tener entre sí, siento que tienen un compromiso y un genuino interés por lo que hacen.

Naturaleza muerta en lo de Juana

¿Ese compromiso no se respira en el circuito artístico en el que estás acostumbrada a moverte?

-Justamente: siento que eso hace falta en el circuito de galerías de arte, por lo menos en el de New York, donde mucho de lo que se ve me parece presuntuoso y falto de vida. Por eso me entusiasma entrar en un circuito distinto, que me movilice desde otro lugar. Que sea una cooperativa donde los mismos fotógrafos manejan la agencia es un caso único. Nosotros controlamos el contexto de presentación de las imágenes, la dirección y los principios de la agencia. El staff está ahí para apoyar a los fotógrafos, no para dirigirlos. Hay, también, un constante replanteo y cuestionamiento acerca del uso o abuso de la fotografía, que es muy importante para mantener un nivel ético y formal dentro del medio. Pero, la verdad, no pensé que tuviera mucha chance.

Y sin embargo… estuviste allí en el momento preciso.

-Un día, de casualidad, me crucé con Alec Soth (reportero de Magnum) en Nueva York y, de la nada, me preguntó si no me interesaría asociarme a la agencia. Yo no le había comentado nunca a nadie mi interés, así que tomé su propuesta como una señal y de un día para el otro me puse en campaña. Tuvo mucho apoyo de sus compañeros, de Susan Meiselas, Martin Parr, Alex Majoli y Jim Goldberg.

La agencia promueve el Inge Morat, premio para mujeres reporteras. ¿Siguen necesitando las mujeres, en tu ámbito, un empujoncito para que su trabajo se haga visible?

-No veo la necesidad de dar un apoyo especial a las mujeres en el ámbito del arte. Nunca sentí ninguna limitación, discriminación ni prejuicio por ser mujer. Es más, creo que, por las razones equivocadas, es más posible para una mujer dedicarse y ser reconocida en el arte que en otros ámbitos ya que, en general, no hay tantas expectativas ni ganas de que las mujeres se dediquen a las ciencias exactas o a carreras más pragmáticas…

¿Tenés, entre tus referentes, a fotógrafas que retratan a mujeres?

-No creo en una mirada femenina. No sabría ni cómo definir una mirada femenina. Hay, quizás, temas en los que las mujeres gravitan más por una cuestión de circunstancias, como por ejemplo Sally Mann fotografiando a sus hijos mientras los criaba. Pero sus otros trabajos, Deep South y What Remains, no tienen relación con ser mujer ni con ser madre. Mis referentes no son tanto masculinos como femeninos sino que no son sólo de la fotografía. Pero puedo citar algunos trabajos como La Balada de la Dependencia Sexual, de Nan Goldin (N.d.R.: Goldin decía fotografiar “su diario íntimo”, un mundo punk entre drogas y libertad sexual): me impresionó mucho la primera vez que lo vi, en 1992, por la manera tan honesta, directa y poco sentimental de retratar su vida. No había pretensiones de hacer arte, sólo una necesidad de encontrar -a su manera- un sentido a la complejidad de las relaciones humanas. Cada imagen de ese libro me parecía un poema. Después se la imitó mucho, y tontamente se glamourizó el estilo de vida que ella retrató.

Algunos de tus trabajos involucran a nenas. De esas imágenes, ¿cuál es la foto que más te han elegido para publicar? A partir de ahí ¿cuál es tu reflexión sobre la imagen de mujer que reproducen los grandes medios?

-Las dos imágenes que más se reprodujeron son de Las aventuras de Guille y Beli, y el enigmático significado de sus sueños, y son imágenes en las que ellas están en una situación pasiva, como de espera (La respuesta), o de rendición (Las Ofelias), y también se las ve atractivas y accesibles. Las imágenes que menos se publican son las que sugieren más carácter, pero eso es de esperar; es coherente con la imagen de la mujer que los medios se sienten más cómodos repitiendo.

De la Pampa a la gran manzana

Por Solana Molina Viamonte,
subdirectora de la galeria Ruth Benzacar

Alessandra Sanguinetti nació en Estados Unidos. Pero su producción se encuentra, de hecho, íntimamente ligada a temas e imágenes anclados fuertemente a su experiencia en el campo argentino.

En agosto de 2001 mostró en la galería Ruth Benzacar El sexto día, un ensayo en el que exhibe una serie de retratos de animales muertos por el hombre. Las imágenes son crudas y poéticas a la vez, lo que genera una profunda reflexión sobre lo natural que consideramos la supremacía del hombre sobre el resto de las criaturas. En una de las fotos, incluso, vemos cómo dos peones meriendan alegremente, con presencia de envases de papel y plástico, casi olvidando el círculo de muerte que antecede a la alimentación.

Trabajando en el campo para producir esta serie, Alessandra conoce a las primas Guille y Belinda, que luego serían sus modelos en Las aventuras de Guille y Beli y el enigmático significado de sus sueños. Se encuentra con estas dos niñas transitando el umbral de la adolescencia, y las invita a actuar sus sueños y miedos privados intentando capturar, mediante estas imágenes, el final de su niñez. Tanto en la visión personal de las faenas del campo como en la serie de las primas, Alessandra nos confronta con imágenes que materializan lo que, si no fuera por su búsqueda, sería inasible para nuestro ojo.

Sanguinetti ha a sido reconocida con becas de alto prestigio internacional y sus obras se encuentran en colecciones de renombre internacional, como el MOMA, donde ha participado en una muestra recientemente. Para la galería, es un orgullo contarla entre sus artistas, y es un desafío seguir acompañándola en su exitosa carrera internacional. Pronto tendremos el gusto de presentar la segunda parte de Guille y Belinda; las veremos, años después, ya como jóvenes mujeres.

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