Xavier Camps: “Pensaba encontrar ametralladoras”
• Xavier Camps tenía 14 años y acudió a ver el avión derribado con sus amigos de la pandilla

MARTA CERVERA
BARCELONA

La vida de Xavier Camps, de 84 años, ha cambiado desde que EL PERIÓDICO publicara una foto suya de niño hecha por Robert Capa en enero de 1939, en los Jardinets de Gràcia, subido a la carlinga de un bombardero alemán. TV-3 le sacó en el Telenotícies vespre el martes. “Me he convertido en una estrella. Hoy –por ayer– todos me felicitaban en el Casal y me llamaban artista. Pero esto de la popularidad es pesado”, reconocía ayer en Cal Robert, donde suele comer todos los días.


Fue allí, en este restaurante de comida casera, donde se vio por primera vez en la portada de EL PERIÓDICO. “Aquella foto me trajo muchos recuerdos. Yo fui a ver el avión derribado con varios amigos de la pandilla. Nunca había estado en un avión y pensaba que dentro encontraría ametralladoras y munición. Pero me llevé una decepción. No había nada porque los militares lo habían limpiado. Solo dejaron unos cables. Casi era chatarra”, rememora. Había visto muchos de esos aviones sobrevolar Barcelona. “Solíamos ir al Carmel para cortar leña y una vez, cerca de las baterías antiaéreas hubo un ataque. Los soldados nos dijeron que nos tumbáramos al suelo con un palo en la boca. El ataque duró 20 minutos”, explica.
Ni se enteró de la presencia de Robert Capa en los Jardinets de Gràcia. “Ni me di cuenta, yo era un niño”, dice convencido de que identificarle en la foto era fácil. “Yo estoy igual que entonces”, asegura olvidando la enfermedad que le ha dejado una cicatriz en la frente. “De aquella época solo puedes explicar miserias. Pero el avión nos distrajo. Fue impactante”, dice este amante del mar y la pesca, que se jubiló de la Renault hace 20 años.
Un vecino suyo, que también visitó el avión cuando tenía 8 años y que prefiere mantenerse en el anonimato, está satisfecho de que las fotos hayan visto finalmente la luz. “Son interesantes. Reflejan una época que la juventud no conoce”, indica este señor delgado nacido en 1931. “El avión se utilizó como arma de propaganda y, aunque la carlinga me sorprendió, por dentro estaba destrozado”. Años después vio en el museo de la RAF, en Inglaterra, un avión igual en perfecto estado. “Era enorme y me acordé del de Barcelona. La placa me lo confirmó: Avión alemán que estuvo en periodo de pruebas durante la guerra civil española. Aquello me afectó”, dice esta persona que conserva en su memoria “cómo vibraban los cristales de casa durante los bombardeos”. Se acostumbraron a ello y dejaron de salir de casa para ir al refugio. “Mi madre nos decía: ‘Niños, seguid durmiendo. Solo es un bombardeo'”.

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