El Caballero del Everest 3 Extraido de www.desnivel.com

Por Redacción Digital digital@desnivel.es  

Hillary falleció a los 88 años.
Foto: desnivelpress.com

¿Cómo era John Hunt?
Nunca había oído hablar de él antes de la expedición. Era, como me di cuenta después, un escalador experimentado, un buen organizador, y tenía una personalidad agradable. Era oficial del ejército, pero no se comportó como tal y tampoco nosotros hubiéramos aceptado recibir órdenes pues éramos todos gente muy independiente. Te preguntaba siempre tu opinión, hacia sugerencias y te animaba si habías realizado un buen trabajo. En este sentido pienso que fue un líder excelente. Aunque soy de los que creen que de haberse mantenido a Eric Shipton como jefe de la expedición también hubiéramos alcanzando la cima.

¿A qué se debió el hecho de que Eric Shipton fuera retirado como jefe de la expedición de 1953?
En realidad a Eric Shipton no le gustaban las expediciones grandes. Era un hombre que disfrutaba los viajes de exploración. Por eso, en 1953, cuando se estaba poniendo en marcha toda la organización, ésta iba un poco lenta porque Eric no estaba muy interesado en los preparativos de este viaje tan complicado. Y en Londres, el comité organizador del Alpine Club y de la Royal Geographic Society, se mostraron preocupados por la lentitud con la que se desarrollaba todo. Por eso decidieron sustituir a Eric Shipton. Le dijeron que iban a poner a otra persona como jefe de expedición.

Este nuevo jefe era John Hunt del que ninguno, él tampoco, habíamos oído hablar antes. Pero la forma en que se hizo no fue muy correcta, por eso, aquellos de nosotros que sentíamos un gran respeto por Eric Shipton no nos sentimos muy contentos. Pero fue algo en lo que John Hunt dio la talla. Cuando me encontré con él en Katmandú, mi sentimiento era: “bueno… vamos a ver cómo es este hombre del que nunca he oído hablar antes, que para colmo es oficial de la armada, un tipo de gente que no me gusta mucho…”

Al vernos por primera vez en Katmandú él vino a mi encuentro, me estrechó fuertemente la mano y me dijo: “he estado esperando, durante mucho tiempo, la oportunidad de conocerte.” Entonces pensé: “quizás sea una buena persona”. John Hunt sabía muy bien cómo tratar a la gente y me habló de una forma que me conquistó.


De izquierda a derecha: Reinhold Messner, Maurice Herzog y Edmund Hillary, fotografiados el 3 de junio de 2000, durante el Cincuentenario de la primera ascensión al primer ochomil, el Annapurna (el 3 de junio de 1950. Hazaña realizada por la expedición que encabezaba Herzog).
Foto: desnivelpress.com

“Cada expedición tiene el compromiso de traerse de la montaña todo lo que ha llevado, e incluso lo que puedan de lo que han dejado otras personas”.



¿Qué sentiste al enterarte que, el año pasado, el mismo día alcanzaron la cima del Everest más de treinta personas?
Pensé que las cosas habían cambiado y no para mejorar, pues no resulta agradable coincidir con mucha gente en la misma montaña. Me sentí contento de haber vivido una época en la que tomábamos las decisiones por nosotros mismos, de esta manera nos enfrentábamos a los problemas y teníamos que luchar por la cima. Ahora muchas expediciones siguen, simplemente, las huellas de otra gente. Hay muchas cuerdas fijas, escaleras, trazas, y los alpinistas van unos detrás de otros, como si fueran turistas.

Para nosotros la solución de todos los problemas que nos planteaba la montaña estaba en nosotros. Por eso pienso que encontrábamos una gran satisfacción en solucionarlos.

¿Qué piensas de las expediciones comerciales?
No me gustan en absoluto. En ellas, si estás fuerte y tienes dinero (casi tres millones de pesetas) puedes ser “llevado” a la cima.

Después del Everest te convertiste, de alguna manera, en un profesional de la escalada y la exploración…
Sí, pero no trabajaba llevando a otras personas sino dirigiendo a mi equipo de alpinistas, quienes tenían una gran experiencia en escalada y exploración. Era simplemente el jefe y organizador de estas expediciones.

¿Cuál ha sido tu escalada más difícil en el Himalaya?
Me resulta difícil contestar esta pregunta. Cada montaña representa un reto distinto, lo importante es tener la suficiente experiencia y conocimientos para ser capaz de reaccionar correctamente si te encuentras en una situación difícil o peligrosa. Por ejemplo, Reinhold Messner es muy bueno. El tiene una gran habilidad como alpinista pero también parece haber sabido siempre cuándo tenía que abandonar. Por eso Reinhold Messner sigue vivo cuando de otra manera, quizás, estaría muerto.

¿Estás contento de haber vivido una época en la que había mucho por explorar?
Pienso que, en cierto sentido, tuvimos mucha suerte con el periodo que vivimos. Cuando fuimos por primera vez al Himalaya Indio, en 1951, mirábamos a nuestro alrededor y había docenas, quizás cientos, de montañas que nadie había escalado jamás. Nos levantábamos por la mañana, contemplábamos una montaña de siete mil metros que nos parecía bella y pensábamos: “Mañana intentaremos escalarla”. De esta forma escalamos seis montañas vírgenes de entre siete y siete mil quinientos metros, algo que hoy en día prácticamente resulta imposible. Por eso pienso que fue una suerte vivir aquella época.

Lo mismo pasaba en la Antártida. Fuimos en tractores hasta el Polo Sur, y recorrimos glaciares y platós en los que nadie antes había estado. Incluso ahora en la Antártida es difícil visitar zonas vírgenes.


Sir Edmund Hillary y Kurt Diemberger.
Foto: desnivelpress.com

¿Qué piensas respecto a la situación en la que se encuentra el Himalaya hoy?
Aquello es un paraíso al que han ido demasiadas expediciones, muchas de las cuales han abandonado tras de sí gran cantidad de basura. Esta se amontona incluso en el Collado Sur. El Everest es el mayor basurero del mundo. Pienso que todos los montañeros deben aceptar la responsabilidad de que esto no puede continuar así. Cada expedición tiene el compromiso de traerse de la montaña todo lo que ha llevado, e incluso lo que puedan de lo que han dejado otras personas.

¿A qué se debe tu interés en ayudar a los sherpas?
Mis padres fueron gente muy respetuosa que creían firmemente que teníamos una gran responsabilidad con la gente de otros países, especialmente con los del Tercer Mundo. Me eduqué con esta actitud. Pasé largas temporadas en poblados sherpas donde me di cuenta de que los niños no recibían ningún tipo de educación, de que tampoco había ningún tipo de asistencia médica, y muchas otras cosas de este estilo. Decidí que debía intentar ayudarles. Hablé con los sherpas y les pregunté si podía hacer algo por ellos. Y se mostraron de acuerdo en que necesitaban una escuela.

En 1961 reunimos el dinero necesario para construir la primera escuela de la zona. La gente comenzó a viajar durante días desde otras aldeas para decir que ellos también necesitaban ayuda. Hasta ahora hemos construido 25 escuelas, dos clínicas, dos hospitales, muchos puentes…

Quizás esto haya sido lo más importante de tu vida…
Cuando miro atrás me doy cuenta de que he disfrutado la aventura, he disfrutado el miedo que he pasado en muchas ocasiones… pero cuando intento analizar qué ha sido lo más trascendente de mi vida, tengo que reconocer que fue el ayudar a la gente de la montaña a que tengan escuelas, centros de salud, incluso el hecho de recaudar fondos para que pudieran reconstruir sus monasterios.

¿Piensas que debiera haber más restricciones a las expediciones en determinadas zonas para impedir su masificación?
Estoy firmemente convencido de ello. También lo está el gobierno nepalí, quien ya ha anunciado que va a restringir el número de expediciones. Cuando estuve en el glaciar del Khumbu hace unos meses, había catorce expediciones en el campo base, para mí esto resulta totalmente ridículo pues supone hablar de cientos de personas. Por eso pienso que es importante que el gobierno nepalí limite el número de expediciones que puede haber en una montaña. Pero también menos expediciones significa menos dinero para los sherpas… Sólo unos pocos sherpas participan en las expediciones. La mayoría de ellos viven del trekking y del turismo.

Ahora mismo hay tanto trabajo para los sherpas que no dan abasto. Pienso que hay que controlar un poco también el trekking y el turismo, pero no debe limitarse de la misma manera que las expediciones pues éste es más importante ahora para los sherpas.

¿Piensas que todavía hay en el mundo lugares que explorar?
Los exploradores modernos buscan y encuentran otros retos. Por otra parte, los alpinistas cuentan ahora con un equipo y material más sofisticado, con el que pueden realizar escaladas mucho más difíciles, que a nosotros -hace cuarenta años- nos hubieran sido imposibles. Por eso pienso que ahora mismo hay retos tan importantes como los que había para nosotros hace muchos años. Pero ahora el reto es más deportivo. El alpinismo se ha convertido en un deporte más competitivo, pero la escalada de una ruta de gran dificultad sigue constituyendo un gran reto. Pienso que el escalador moderno sigue encontrando grandes motivos de satisfacción en las nuevas rutas que abre.

¿Cómo fue la experiencia que viviste en el Polo Sur?
En muchos aspectos muy parecida a la que se vive en una expedición al Everest. Tienes que luchar con la nieve y el hielo, en grandes cantidades, pero en la Antártida el frío es más intenso, la estancia es también más larga, y siempre teníamos que prestar gran atención cuando conducíamos los vehículos por los platós polares con zonas de grietas. De caer en una con un vehículo de estos eras hombre muerto. En la Antártida tienes que permanecer atento durante meses, mientras que en el Himalaya los riesgos son más inmediatos, está la avalancha, la grieta, la caída en una pendiente vertical…

¿Por qué decidiste ir al Polo Norte en avioneta?
Fue en 1985, tenía 66 años y me ofrecieron la posibilidad de participar en este viaje junto con Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna. No fue una gran aventura en el sentido clásico – pues la verdad es que yo no desempeñaba una labor concreta en ella- pero sí en el tecnológico. Navegar hasta aterrizar en el Polo Norte, esto fue la aventura más importante. Aterrizar en el hielo y caminar por allí muchas millas, fue una gran experiencia. Fue una vivencia interesante aunque fácil para mí. Con ella fui la primera persona en haber estado en la cima del Everest, Polo Norte y Polo Sur.

¿Qué piensas de la relación que mantiene el hombre con el mundo? ¿Está terminando el ser humano con él?
Hemos sido muy poco cuidadosos en lo que respecta a la protección del mundo en que vivimos. He trabajado mucho y me he sentido muy preocupado por los problemas ecológicos. Cada día, lo mismo que mucha gente, me he sentido más preocupado por la ecología. Todos los seres humanos deben aceptar que tienen una responsabilidad para proteger el medio natural, para reparar los graves daños que hemos causado, y para impedir que nada se destruya más de lo que ha sido hasta el momento. Hemos contaminado los océanos, la tierra e incluso el aire. Por eso pienso que la humanidad debe hacer algo ahora para solucionar estos problemas.

¿Qué haces en estos momentos?
Doy muchas conferencias y paso mucho tiempo trabajando para conseguir fondos para los proyectos que tenemos de apoyo a la gente del Himalaya. Trabajo viajando por todo el mundo persuadiendo a la gente para que aporte fondos para continuar con estos proyectos. En 1991 di seis veces la vuelta al mundo. En 1992 viajé algo menos: sólo di cinco veces la vuelta al mundo.

¿Qué mensaje te gustaría transmitir a la gente joven?
A la gente joven le cansa que le hable la gente mayor y les llene de consejos. Pero yo les diría que no es mala idea aprender de los conocimientos que tienen quienes han vivido más. Escuchar lo que han hecho y lo que recomiendan, sus consejos respecto al tiempo, las avalanchas… Que tengan en cuenta aquello con lo que estén de acuerdo a la hora de realizar sus proyectos. Que hagan lo que sientan dentro de sí pero que se aprovechen de la ventaja que les puede suponer contar con la experiencia de generaciones de escaladores. Que no les importe empezar otra vez desde el principio. Que utilicen esta experiencia antes de partir a realizar sus propios retos.

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