Crece el “ciberhabla”, el lenguaje que los jóvenes imponen desde las computadoras

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Crece el “ciberhabla”, el lenguaje que los jóvenes imponen desde las computadoras
El chat, el mail y los mensajes de texto inauguraron una nueva forma de lenguaje o, mejor dicho, una precarización e infantilización del mismo. Esta jerga casi incomprensible para muchos, mezcla de idiomas y abreviaturas, también es adoptada por adultos de alto nivel sociocultural. Los defensores dicen que sirve para ahorrar tiempo en la escritura. Los expertos afirman que la falta de práctica y la excesiva oralidad hacen que muchos hayan olvidado cómo se escribe.
Por Jose Montero
El acceso a Internet en Argentina se popularizó, lentamente, a partir de 1997. En esta década de cibercultura, algunos males del correo electrónico se morigeraron. Pasada la novedad, decreció el uso superfluo. Hoy es más probable recibir un intento de estafa desde Africa que una amenaza de siete años de calamidades si se corta la cadena de mails. Y ya pocos pierden tiempo en enviar archivos con bloopers. No obstante, se extendió un fenómeno que pone en duda la madurez de los usuarios. Es la infantilización del lenguaje. ¿Resulta tan grave? Parece que tííí…

 

Dejando de lado a los más jóvenes, que escriben en una jerga incomprensible, y al círculo de amigos de mayor confianza, entre quienes se permiten licencias, algunos adultos eligen, para comunicarse con personas a las que no conocen, empezar sus mails con un “holis”. El diminutivo se traslada a las “fotis” y al “okis” (para decir que todo está OK).

Luego vienen los que hacen chistes y agregan “jajaja” o “jejeje”. Por más buena voluntad que le ponga, el receptor del mensaje suele sentirse víctima de la risa de Patán, el perro malcriado.

Personas de treinta y pico, o más, responden afirmativa o negativamente con “sip” y “nop”. También eluden la letra Q y escriben todo con K. Los defensores de esta aberración dicen que se trata de ahorrar tiempo. Pero quien lee el mail no sabe si está frente a un fanático del Frente para la Victoria o un personaje dark en crisis nihilista. Esa misma persona que alega economía de digitaciones después las derrocha haciendo caritas como :-), 😦 y :-o. Peor aún, se pasa horas bajando emoticones animados.

Algunos se especializan en contestar sólo una o dos de las varias preguntas contenidas en el mail de origen, lo cual da la impresión de estar hablando con un adolescente despistado.

Otros tienen problemas de tono. Arrancan con un “estimado señor” y redactan de manera formal, pero mandan besos. En cambio, están los que son puro “finde” y “tá güeno”, y se despiden con “saludos cordiales”, acaso señal de que la máquina autocompletó la fórmula.

Ciertos usuarios se tomaron en serio aquello de que no importan los errores de tipeo, porque el cerebro igual comprende si la primera y la última letras de cada palabra son correctas. Las faltas de ortografía ya casi se pasan por alto, y los signos de puntuación se tiran al voleo y donde caen, caen.

Determinados interlocutores, sobre todo mujeres, desconocen el punto. Concluyen cada oración con uno o varios signos de exclamación. Tanta euforia las lleva, en ocasiones, a despedirse con un “muac”.

En 2001, el lingüista británico David Crystal definió a la comunicación de texto por sistemas electrónicos como “ciberhabla”, y la catalogó como “un tercer medio” diferente del diálogo verbal y de la escritura convencional, aunque “con propiedades de ambos que ha incorporado por selección y adaptación”.

Consultado por PERFIL Roberto Igarza, director de posgrados de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, aseguró que el problema se debe “al abuso de la oralidad en los 80 y los 90, cuando la escritura en la vida cotidiana prácticamente se dejó de lado y se reemplazó por el teléfono”.

“Hay adultos que no han escrito por décadas. Y esa gente no está en condiciones de ponerse a escribir con facilidad. Está balbuceando y escribe como le sale en el intercambio oral”, añadió.

Según Igarza, la comunicación por mail está atravesada por la televisión y “su cultura prime time 24 horas, que homologa formas del lenguaje antes restringidas a los jóvenes: da todo lo mismo, todos nos tuteamos, todo vale”.

Igualmente, consideró que el futuro del correo electrónico no es tan sombrío como el de la mensajería instantánea.

El mail, dijo, quedará reservado para “un intercambio epistolar casi formal o al menos más reflexivo”. El lenguaje del chat y de los mensajes de texto por celular, al contrario, seguirá degradándose. “Todavía estamos un escalón por debajo de lo que ocurre en el hemisferio norte, donde la mensajería instantánea es más masiva y reemplaza por momentos al teléfono, con el agravante de que se comunican al mismo tiempo con múltiples personas”.

—¿Eso significa que podemos empeorar?

—Es probable que sí.

http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0219/articulo.php?art=4792&ed=0219

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