TIERRA DE RUFIANES

TIERRA DE RUFIANES


Antigua foto utilizada para la tapa del libro “Mujer, prostitución y HIV/SIDA”, publicado por la Universidad Nacional de Rosario.

La Zwi Migdal ocupa un lugar imborrable en la historia criminal argentina. Fue el nombre que adoptó una poderosa organización de tratantes de blancas y proxenetas de origen polaco, que funcionó bajo la pantalla de una sociedad de socorros mutuos hasta principios de los años treinta. Una parte de esa historia se mantiene en pie en el Cementerio Israelita de Granadero Baigorria, provincia de Santa Fe, una necrópolis que los rufianes construyeron para su uso exclusivo y donde se encuentran muchos de los propietarios, las madamas y las pupilas de los antiguos prostíbulos.

El tráfico de mujeres desde Europa Oriental hacia el Río de la Plata comenzó en los últimos años del siglo XIX. En esa época se formó el primer enclave prostibulario en la Ciudad de Buenos Aires, delimitado por las calles Lavalle, Viamonte, Libertad y Talcahuano. En la misma zona se encontraba el barrio comercial y religioso judío. La vecindad hizo que muchos identificaran a los judíos con los tratantes de blancas y, en consecuencia, la colectividad quedara estigmatizada en su conjunto.

Para prevenir esa situación, ya desde principios del siglo XX las entidades judías resolvieron marginar a quienes se dedicaran al negocio de la prostitución. Los tmeim (impuros), como se llamó a los proxenetas y tratantes de blancas, tuvieron así la entrada prohibida en los lugares de reunión y esparcimiento comunitarios, entre ellos los templos y los cementerios. El periodista francés Albert Londres, que investigó el tema en su extraordinario libro “El camino de Buenos Aires” (1927), describió el régimen de terror y miseria que imponían los rufianes polacos en sus burdeles. “La trata de blancas, la verdadera, son los polacos quienes la practican –dijo–. (…) No hay un solo polaco de Buenos Aires que no tenga cinco o seis mujeres. O siete u ocho. Viven bajo una disciplina aceptada y servil”. Sin embargo, aunque resulte contradictorio con la naturaleza de sus ocupaciones, tenían un interés genuino en sostener su religiosidad: querían celebrar sus ritos en sinagogas y disponer de un lugar donde enterrar a sus muertos. Como reconoció el periódico Mundo Israelita (1930), “conservan en el fondo de su conciencia el temor de Dios y quieren observar el Pacto de Israel”.


Escena de “La trata de blancas” (“Den hvide Slavehandel”), película danesa de 1910.

En 1906 conformaron en Avellaneda la Sociedad de Socorros Mutuos Varsovia. Esa ciudad, dominada por el caudillo conservador Alberto Barceló, no ejercía entonces mayor control sobre los prostíbulos, al punto de que no tenía ninguna ordenanza que regulara su actividad.

La sede en Avellaneda era una fachada necesaria por cuestiones legales (la provincia de Buenos Aires le concedió personería jurídica); la verdadera central de operaciones de la mafia polaca se encontraba en Buenos Aires, en Córdoba 3280, un edificio de dos plantas con jardín, sinagoga, salón de fiestas, bar, comedor y sala de velatorios, entre otras dependencias. Allí también se hacían subastas de carne humana, según relató Gustavo Germán González, célebre periodista del diario Crítica: las mujeres, traídas a veces con falsas promesas de matrimonio, eran exhibidas desnudas y vendidas al mejor postor. Una protesta del cónsul de Polonia hizo que en 1929 la entidad pasara a llamarse Zwi Migdal, en alusión a uno de sus primeros presidentes (otra versión indica que el nombre, en yiddish, significa “gran fuerza”).

Previamente la sociedad se había escindido: en la Zwi Migdal quedaron los rufianes de origen polaco, mientras que los rusos y los rumanos se nuclearon en la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Aschkenasum, presidida por Simón Rubinstein, dueño de varios prostíbulos y sindicado como contrabandista de seda. Ambos grupos mantuvieron cordiales relaciones. En 1921 la Aschkenasum inauguró su cementerio propio en Avellaneda, frente a la actual necrópolis municipal. Esta fracción de tierra se amplió más tarde en condominio con la Zwi Migdal.

Geografía de la muerte
El Cementerio Israelita de Granadero Baigorria.

El 4 de abril de 1933 Saúl Friedman, León Sinay, Natán Graber, Hernán Teitelberg, Luis Germelin, Bernardo Seheiner, Mauricio Rotrand, Salomón Germán y Natan Borenstein, en representación de la Unión Hebraica de Rosario, solicitaron autorización a la comisión de fomento de Paganini (actualmente Granadero Baigorria) para instalar un cementerio de ritual hebreo. La necrópolis se inauguró al año siguiente, en un terreno adyacente al actual Cementerio El Redentor.

La Unión Hebraica tenía todo el aspecto de una pantalla de los rufianes. La dirección de su sede rosarina –calle Pichincha 248– estaba en el centro de la zona prostibularia de la época. Y uno de sus dirigentes, Saúl Friedman, fue detenido por la policía el 21 de mayo de 1930 en una redada contra proxenetas en el mismo barrio. Según una crónica del diario La Capital, lo apresaron en una casa ubicada en Güemes 2965, “donde se estableció que funcionaba una sinagoga, fundada y frecuentada por elemento de mal vivir”.

Mario Gluck, profesor de la Universidad Nacional de Rosario e investigador de la historia de la colectividad judía en esa ciudad, dice que se sabe muy poco acerca de aquella institución. “Estuvo inscripta como una sociedad de beneficencia, aunque su función fundamental fue la construcción y el mantenimiento del cementerio. (Los rufianes) hicieron esta sociedad porque la institución judía más cercana, la Asociación Israelita de Beneficencia de Rosario, había expulsado de su seno a aquellos que se dedicaban a la prostitución, impidiéndoles el ingreso a las instituciones de la colectividad”.

El Cementerio Israelita de Granadero Baigorria tiene un acceso propio, con frente sobre vías del ferrocarril. Una calle bordeada por cipreses divide el terreno en dos sectores. En el principal se encuentran tumbas que pertenecen en su mayoría a hombres o grupos familiares; en el otro se hallan enterradas mujeres. “La necrópolis exhibe una especie de geografía de la muerte –dice la historiadora rosarina María Luisa Múgica–: es un espacio jerarquizado con sepulcros de mayor y menor importancia en la ornamentación. Así, hay tumbas simples, que probablemente pertenecieron a prostitutas, otras más suntuosas, de las regentas, y finalmente las de los proxenetas, más trabajadas”. Contra un muro, aisladas, se hallan dos tumbas, una de las cuales carece de identificación. “Tal vez estén aparte porque fueron suicidas, o gente muy pobre”, conjetura Gluck.

La disposición de las tumbas parece seguir también pautas familiares. En la primera fila del sector principal, yacen los restos de Pincus Helfer, registrado como miembro de la Zwi Migdal; en la segunda, detrás suyo, se encuentran sepultados su esposa, Sara Gutgold, y su cuñado, David Gutgold. Pincus Helfer, por otra parte el último presidente de la Unión Hebraica, fue “escrachado” como rufián por el diario rosarino Reflejos en 1930, cuando en Buenos Aires se desarrollaba el juicio a la Zwi Migdal como consecuencia de la denuncia de Raquel Liberman, una de las tantas mujeres explotadas en una red de prostíbulos que se extendía sobre todo por Capital Federal y las provincias de Buenos Aires y Santa Fe.

En la tumba de Helfer, con su nombre, se observa un grabado: dos manos extendidas y a la vez unidas por el pulgar. “Ese símbolo –explica Gluck– significa que el muerto era Cohen: no necesariamente de ese apellido sino que pertenecía a la tribu de Aaron, hermano de Moisés. Según el libro bíblico del Éxodo, esta tribu tenía a su cargo las funciones sacerdotales. Los descendientes no necesariamente son sacerdotes o rabinos, pero tienen un lugar especial dentro de las ceremonias, sobre todo las de Rosh Hashana y Iom Kipur. Además están sujetos a una serie de prescripciones especiales, aparte de las establecidas para todos en la religión.”

En otras tumbas se encuentran los restos de León Rubinstein, de nacionalidad islandesa, dueño del Venecia, un prostíbulo de dos plantas en la antigua zona roja de Rosario; Albina Bederko de Zigman, registrada como administradora de prostíbulos; Mauricio Raftenberg, Simón Schwartz y Pincus Waterman, sindicados como rufianes; e Ignacio Engel, Natalio Levcovich y Mauricio Raftenberg, denunciados como socios de la Zwi Migdal por el comisario Julio Alsogaray en su libro “Trilogía de la trata de blancas” (1933), uno de los testimonios más importantes sobre las mafias de la prostitución en los albores de la Década Infame. Pero el personaje quizá más importante que se encuentra allí es Max Zysman, quien fue uno de los principales dirigentes de la sociedad de rufianes polacos.

En el juicio, iniciado en 1930, fueron procesados 108 miembros de la Zwi Migdal. Aunque la justicia concluyó al año siguiente que no podían comprobarse los abusos denunciados, muchos de los rufianes terminaron deportados. Zysman fue expulsado a Uruguay, pero posteriormente regresó a la Argentina. En honor a su memoria, su esposa Perla hizo construir en 1935 una galería en el cementerio de Granadero Baigorria, que aún permanece en pie.

El cementerio de los rufianes también preserva un fogón –utilizado a efectos religiosos– y una sala donde se realizaba la preparación ritual de los cuerpos antes de su inhumación. Esa sala, según se lee en una placa que conmemora el hecho, fue construido con los aportes de tres mujeres: Anita Baran, Sara Waisman y Sofía Greistz. La primera se desempeñó como madama de prostíbulos en Rosario.

En el interior de la sala se observa la mikvá, una mesa de mármol en que se depositaba el cadáver. Allí se despojaba al cuerpo de sus ropas y se lo bañaba. ”La mikvá tiene el uso del baño ritual que hacen los judíos muy religiosos, una vez a la semana o ante determinados acontecimientos especiales –apunta Gluck–. En el cementerio se utilizaba para bañar a los muertos, cortarles las uñas y el pelo. Las inscripciones en las tumbas y la existencia de la mikvá para mí son muestras de la religiosidad de este grupo de judíos, propia de sus lugares de origen.”

En las tumbas pueden leerse no sólo los nombres de quienes allí fueron enterrados sino también alguno de sus datos, como el lugar de origen o la nacionalidad, en general polaca y rusa. Además hay grabados inscripciones y textos religiosos.

Algunas tumbas carecen de identificación, otras muestran orificios y roturas. La versión popular dice que alguien ingresó una noche al cementerio y disparó contra las fotos, para ejecutar una venganza simbólica o para impedir la identificación de algunos de los muertos. En la administración del cementerio El Redentor, en cambio, atribuyen el deterioro al paso del tiempo y al óxido.

La misteriosa Unión Hebraica administró el cementerio hasta el 23 de junio de 1959, cuando lo cedió sin cargo a la comuna local. La última inhumación se registró en 1968; las visitas de familiares a las personas allí enterradas son excepcionales, y no se permite el ingreso del público. Expulsados de su colectividad de origen, perseguidos por la justicia, los rufianes finalmente consiguieron lo que querían: descansar en una tierra propia.

http://www.sidus.com.ar/EspacioSidus/apm/Anteriores/apm82/notas/nota04.htm

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5 comentarios

  1. Hay datos que no son precisos y otros equivocados pese a ser un muy buen articulo sobre el tema

  2. fui al cementerio y me encanto su (aunque triate historiaa)

  3. Hola, Gracias por publicar esto que mucha gente no conoce, yo lo recibi por mail, pero ya sabia del tema que en general es vergonzozo y en particular, es increible.
    Pero el poder y ambicion nunca cesan de atraer a los mas debiles.
    Y aunque haya datos equivocados, esto existio ya que lei anteriormente sobre el tema.
    Espero que algun dia este mundo tan conflictivo pueda cambiar y darse cuenta de que hay ciertos valores que nunca cambiaran como la paz y el amor entre los humanos.
    Feliz 2010!!!!

  4. Hola, estoy haciendo una investigacion para mi tesina sobre el tema, tengo material fotografico interesante sobre aquellas mujeres que trabajaban en los prostibulos de granadero baigorria, me gustaria hablar mas con uds. por favor comuniquese, gracias

  5. Te recomiendo leer La organizacion negra ,excelente testimonio mas objetivo que tiene una vision distinta a la del comisario Alsogaray que fue quien desbarato la red mafiosa que tambien escribio su libro y lo he leidio y releido Se decia que Alsogaray aunque dezconozco las fuentes fidedignas esatba en amores con Raquel llberman por eso se descubre todo la mafia de los cuales ninguno fue preso Cosa que es notable y habla de la sociedad con organismos estatales de esa epoca

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