Clarin: La “polaquita” que destruyó a la Zwi Migdal

PERSONAJES DEL CRIMEN | LA SOCIEDAD DE LOS RUFIANES
La “polaquita” que destruyó a la Zwi Migdal
 

Parecía una estructura sólida. Su sede estaba en un palacio, al 3200 de la avenida Córdoba; tenía un cementerio para sus socios, teatros propios con obras en idish y hasta una sinagoga.

Pero, hacia 1930, aquella próspera “Sociedad Israelita de Socorros Mutuos Varsovia” (fundada en 1906) no era lo que mostraba, ni lo que defendían los honestos de la colectividad, que los apartaban y combatían.

No sólo había cambiado su nombre por el de Zwi Migdal (para algunos investigadores, era el nombre de uno de los fundadores; otros dicen que respondía a la expresión “gran fuerza”, en idish). También había dejado lejos aquella propuesta solidaria de sus orígenes hasta convertirse en una estructura mafiosa sostenida por policías corruptos, políticos venales y jueces “amigos”.

¿Cuál era el “negocio” de esta organización negra de la historia argentina? La prostitución, algo redituable en una ciudad llena de hombres inmigrantes que, sin familia, llegaban para empezar la aventura de fare l’America.

Se dice que entonces la Zwi Migdal tenía más de tres mil “polaquitas” trabajando en un sistema de esclavitud. Sus rufianes iban a Europa (en especial Polonia y Rusia) para seducir a chicas de entre 16 y 22 años. Los padres de esas jóvenes (por lo general simples campesinos) no dudaban en avalar que sus hijas se casaran con esos “comerciantes” que venían de un lugar sin hambre.

Pero en “la París de Sudamérica” —así llamaban a Buenos Aires— esperaban más espinas que rosas. Cada día, en los prostíbulos de la organización (El Chorizo, Las Esclavas, Gato Negro, Marita, Las Perras eran algunos de los que estaban en la “zona roja”, con epicentro en Lavalle y Junín) cada “polaquita” debía atender a unos 50 clientes que pagaban dos pesos cada uno por servicio. Trabajaban de 4 de la tarde a 4 de la mañana.

Aquello no iba a ser eterno, porque el 27 de setiembre de 1930 (hace unos días se cumplieron 73 años) la historia cambió. Ese día, la Justicia que no estaba comprada dictó la prisión preventiva de 108 rufianes de la Zwi Migdal.

Para eso había sido clave el valiente aporte de Raquel Liberman, una “polaquita” que a los 18 años la habían traído desde la ciudad de Lodz con la ilusión en la piel. Terminó en un prostíbulo. El testimonio de la triste vida de Raquel marcó el principio del fin. Con pena y sin gloria, la Zwi Migdal desapareció. Y terminó aquella historia de la “ciudad de las esclavas blancas”.

Eduardo Parise

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: