cementerio granadero baigorria

cementerio granadero baigorria 05

Cargado originalmente por El rosarino 2

Aunque en 1874 se aprobó la primera ordenanza relativa al control del “comercio inmoral”, las “casas de tolerancia” continuaron expandiéndose como hongos. En 1896, los informes municipales hacían referencia a la existencia de sesenta y un prostíbulos ubicados estratégicamente en la cercanía de fábricas y talleres donde se concentraba mano de obra masculina. La eclosión de los burdeles llevó a que las autoridades, presionadas por las constantes denuncias de los vecinos, aprobaran nuevas ordenanzas: la de 1887, la de 1892 y la de 1900.(…)

Ya entrado el siglo XX, muchos prostíbulos se trasladaron al cercano barrio de Pichincha exhibiendo carteles con el nombre que los identificaba: Royal, El Gato Negro, Moulin Rouge, Petit Trianon, Chantecler, Italia, Madame Safo. Este último, uno de los más lujosos y cuya fama trascendió los circuitos internacionales del mundo prostibulario, tenía decenas de mujeres —francesas, en gran proporción—, estaba ricamente decorado y amueblado, y era punto de visita obligado donde agasajar a todo hombre importante que llegara a la ciudad.

Las mujeres que trabajaban en el Madame Safo o en otros prostíbulos de categoría costaban muy caras, de dos a tres mil pesos en los años veinte, valor que equivalía, según algunas versiones, al de una casa “preciosa”, con balcones. Esa suma representaba el valor de tenencia de la mujer, su garantía; por lo tanto, si ella huía o moría, el dueño del burdel debía indemnizar en esa cantidad de dinero al traficante que se la había traído. Si no se pagaba por ellas, las muchachas no podían ejercer la prostitución en ningún otro lugar, pues dentro del submundo de los proxenetas se sabía perfectamente a quién pertenecía cada una de las mujeres y se respetaban, religiosamente, los derechos de sus dueños; las madamas, escudadas en la frase “No quiero compromiso”, rechazaban a las mujeres que queriendo trabajar por su cuenta golpeaban las puertas de sus prostíbulos, defendiendo de esta forma las reglas de juego imperantes en el “negocio”.

Uno de los grupos de proxenetas que se afincó con más fuerza en la ciudad fue el de los judíos, quienes realizaban un activo comercio de mujeres extranjeras que colocaban tanto en los burdeles locales como en los bonaerenses. También en Rosario los miembros de la sociedad Varsovia —luego Zwi Migdal— erigieron su sinagoga en la calle Güemes y su propio cementerio en Granadero Baigorria, en las afueras de la ciudad, aunque —a diferencia de lo ocurrido en Buenos Aires— recién fuera inaugurado en 1934.

En setiembre de 1933 Saul Friedman, León Sinay, Natan Graber, Heiman Teitelberg, Luis Germelin, Bernardo Seheiner, Mauricio Rotrand, Salomón Germán y Natan Borenstein en representación de Zwi Migdal con domicilio en Pichincha 248, pidieron autorización a la Comisión de Fomento de Paganini —hoy Granadero Baigorria— para instalar un cementerio judío.

En este cementerio fueron sepultados, en adelante, los traficantes judíos que actuaban en Rosario y sus mujeres, y también algunos miembros de la Zwi Migdal como Max Zysman, Mauricio Raftenberg, Simón Schwartz, Pincus Helfer, Ignacio Engel y Pincus Woterman (Engel y Zisman estaban prontuariados en Montevideo). Entre las mujeres está enterrada Albina Bederko, quien figuraba en 1912 como dueña de un prostíbulo situado en Güemes 2140 y quien firmó junto a otras mujeres, una serie de notas dirigidas a la Municipalidad de Rosario. Entre las otras firmantes estaba Rosa Cohn, propietaria de otro prostíbulo en la misma calle y esposa del proxeneta Bernardo Gutwein, ambos integrantes de la Migdal. También se encuentra Sara Gutgold de Helfer, esposa de Pincus e integrante del clan de los Gutgold, algunos de sus miembros enterrados en el cementerio sefaradí de La Tablada en Buenos Aires. (…)

En la década de 1930, el otrora floreciente negocio de explotación de la prostitución comenzó a tambalear, no sólo por las “batidas” policiales realizadas en la ciudad a raíz del desbaratamiento en Buenos Aires del grupo de los traficantes judíos de la Zwi Migdal (procedimientos que habían existido en otros momentos), sino porque la política local en materia de prostitución cambió drásticamente. En esos años, las ideas abolicionistas se instalaron con fuerza en el colectivo municipal a pesar de que, desde algunos diarios, se plantearon los temores que generaban tales iniciativas.

Fuente:
Yvette Trochon para Diario La Capital, Suplemento Señales, Domingo 18 de marzo de 2007 extraido de La ciudad de los burdeles

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